EL JUEGO DE CUBA

Largometraje documental – 2001
dirigido por Manuel Martín Cuenca

El juego de Cuba

Para los cubanos, el béisbol es algo más que su deporte nacional. Aunque lo importaron desde los Estados Unidos hace más de un siglo y medio, poco a poco lo fueron convirtiendo en un elemento básico de su identidad. La pelota, como llaman al béisbol en Cuba, ha sido el principal catalizador de las emociones del país, de sus virtudes y defectos, de sus sueños y ambiciones.

Si ganarle a los norteamericanos siempre fue una obsesión nacional, con la llegada de la revolución del 59, la pelota se transformó en el único campo de batalla legal para resolver las diferencias. Ser pelotero dejó de ser un oficio para convertirse en una responsabilidad política que durante cuarenta años ha generado heroísmo y gloria, pero también desesperanza y “traición”.

El juego de Cuba cuenta un trozo de esa historia tal y como lo han vivido sus protagonistas: los peloteros cubanos. Hombres humildes que entraron por primera vez a un terreno de béisbol con el sueño de convertirse en estrellas, pero a los que la época les fue imponiendo realidades en las que tuvieron que tomar decisiones que muchas veces iban más allá del deporte. Hombres que tuvieron que decidir entre ser héroes o traidores, entre ganar mucho o perderlo todo.

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El juego de Cuba

Ficha artística:
Mercedes Sampietro (Narración)
Jorge Perrugorría (Actor)
Ismael Renzoli (Dir. Radio Rebelde)
Leonardo Padura (Escritor)

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Director:
Manuel Martín Cuenca

Guionista:
Alejandro Hernández
Manuel Martín Cuenca

Productor Ejecutivo:
Belén Agosti
Eduardo Campoy

Dirección de Producción:
Vivian Agüero
Lillian Hermida

Director de fotografía:
Alfonso Parra
Rafael de la Uz

Montaje:
Ángel Hernández Zoido

Banda Sonora Original:
Álex García

Datos técnicos

Formato de rodaje: Betacam digital.
Formato de proyección: Betacam digital.
Formato de pantalla: 16/9 – 1:1.85
Color / B&N: Color
Duración: 93’
Idioma: Español

El juego de Cuba
  • Notas del director

    En el año 98 yo estaba en Sierra Maestra trabajando con un grupo de documentalistas cubanos cuando me invitaron a un partido de pelota en el campo. Dije que no sabía nada de béisbol, que me iba a aburrir porque no iba a entenderlo. Pero me convencieron: “la pelota es lo más cubano que existe. En la pelota está la verdadera Cuba”. Al principio no acabé de creérmelo, pero fui.

    Mi sorpresa fue descubrir un fiel reflejo de la realidad del país, una metáfora que me hizo comprender muchas más cosas sobre Cuba que en todos los meses que me había pasado en la isla. Aquella tarde, además, supe un pequeño secreto: al Comandante le encanta jugar al béisbol y no soporta perder, por eso hace trampas. Un viejo que había jugado con Fidel en aquel terrero en los primeros tiempos de la revolución, me confesó que Fidel había hecho trampas para poder ganarles.

    Meses después, investigando, encontré que había decenas de testimonios que confirmaban lo mismo. Entonces pensé: ¿qué pasaría si tratáramos de rastrear la historia cubana, empezando por saber por qué demonios el deporte más norteamericano es también el deporte más cubano y contáramos las contradicciones, las grandezas y las miserias de Cuba? Durante las siguientes semanas estuve tan nervioso pensando que había encontrado una película, que me vino a la cabeza la peor pesadilla de un director: alguien la ha hecho antes que yo. Rastreé los archivos y la filmoteca de la escuela de cine de Cuba, y respiré aliviado: la película con la que yo estaba soñando no la había hecho nadie.

    Eso fue el origen de todo: un sueño, una intuición que me agarró las entrañas y que no me soltó.

    Manuel Martín Cuenca

  • Notas de los guionistas

    Hay un cuento de Borges que habla de un grup de cartógrafos que quieren hacer el mapa más perfecto del mundo, y están obsesionados con ello. Varios años después de corregir y corregir, se dan cuenta del error de base que han cometido: no existe el mapa más perfecto del mundo, porque éste sería del mismo tamaño del planeta, a escala 1/1… Yo creo que me sentí de la misma manera cuando acabamos el guión y tenía que comenzar a dirigir. Investigamos y entrevistamos a gente durante meses, y cada vez estábamos más seguros de lo que queríamos contar, pero todo estaba sobre el papel. En ese momento trataba de repetirme una cosa muy importante: lo que no está en la cámara, no existe. Si no conseguíamos atraparlo en el encuadre, en el sonido, toda la emoción que nosotros podíamos sentir nos podía engañar.

    La empatía es la pero enemiga de un equipo de documental. Crees que lo tienes, porque lo has sentido, pero puedes volver a casa con el saco vacío. Luchábamos contra eso y poníamos todo el corazón en cada minuto de rodaje. Muchas veces acabábamos agotados, porque yo creo que hacer un documental no consiste en ponerse allí y mirar. Hay que implicarse con la realidad, hay que sentir, escuchar con toda tu fuerza, como si el sonido estuviera muy, muy lejos y hubiera que poner todos los sentidos en alerta para tratar de escucharlo. Porque en realidad es así, el sonido está muy lejos para atraparlo con la cámara: está en el corazón de la gente. Y si no ponemos todos los sentidos no lo oímos nunca. Porque lo que importa es la emoción. En este documental lo tengo muy claro: sin el equipo de gente con el que trabajé hubiera sido imposible hacerlo. Pero además, compartimos una sensación. Día a día se iban apropiando de la película todos los que salían en ella, sus protagonistas. Tal y como está ahora, esta película creo que pertenece a los peloteros cubanos y a Cuba. Y nosotros hicimos el trabajo de ponérsela a ustedes ahí delante, en la pantalla, como el explorador que tra un tesoro de una tierra muy lejana. Apropiarse de ese tesoro sería injusto, todos sabemos a quién pertenece.

    Para nosotros, escribir un guión es algo así como conducir un avión hacia una pista de aterrizaje. La diferencia entre la ficción y el documental es que en la ficción la pista siempre está delante e iluminada. En el documental sabes hacia donde quieres ir, pero no ves la pista hasta que estás a veinte metros de ella. Hasta ese entonces tienes que confiar en que la ruta que tienes en la cabeza es la correcta. Creo que el documental, hable de lo que hable, muestre lo que muestre, tiene que partir de una premisa básica; es una historia para ser contada, y por tanto requiere la misma concepción dramática que una película de ficción, ello implica búsqueda de emoción, tensión, simpatía, odio, comprensión, pena. En definitiva, complicidad con un público que siempre agradecerá que le hablen de la guerra fría, el cambio climático o la vida de Maradona como si le contaran un cuento.

    Alejandro Hernández y Manuel Martín Cuenca

  • Notas del productor

    Producir documental es enfrentarse a un supuesto y que vaya tomando realidad. No existe un guión cerrado del que se desprende un plan de producción. Sintetizando, sobre el trabajo de esta producción puedo decir que ha habido dos cosas: rigor y mucha pasión.

    Hacer productos universales es un buen objetivo sobretodo desde un punto de vista de la comercialización, pero la mayoría de las veces resultan descafeinados. En el JUAGO DE CUBA la cafeína está en el planteamiento, donde el espectador es también protagonista y saca sus propias conclusiones, donde además de divertirse le das un papel y puede hacer suya la película.

    Es posible que de esto trate un poco la tolerancia.

    Belén Agosti (Productora Ejecutiva)

+ Sinopsis
El juego de Cuba

Para los cubanos, el béisbol es algo más que su deporte nacional. Aunque lo importaron desde los Estados Unidos hace más de un siglo y medio, poco a poco lo fueron convirtiendo en un elemento básico de su identidad. La pelota, como llaman al béisbol en Cuba, ha sido el principal catalizador de las emociones del país, de sus virtudes y defectos, de sus sueños y ambiciones.

Si ganarle a los norteamericanos siempre fue una obsesión nacional, con la llegada de la revolución del 59, la pelota se transformó en el único campo de batalla legal para resolver las diferencias. Ser pelotero dejó de ser un oficio para convertirse en una responsabilidad política que durante cuarenta años ha generado heroísmo y gloria, pero también desesperanza y “traición”.

El juego de Cuba cuenta un trozo de esa historia tal y como lo han vivido sus protagonistas: los peloteros cubanos. Hombres humildes que entraron por primera vez a un terreno de béisbol con el sueño de convertirse en estrellas, pero a los que la época les fue imponiendo realidades en las que tuvieron que tomar decisiones que muchas veces iban más allá del deporte. Hombres que tuvieron que decidir entre ser héroes o traidores, entre ganar mucho o perderlo todo.

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+ Ficha técnica
El juego de Cuba

Ficha artística:
Mercedes Sampietro (Narración)
Jorge Perrugorría (Actor)
Ismael Renzoli (Dir. Radio Rebelde)
Leonardo Padura (Escritor)

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Director:
Manuel Martín Cuenca

Guionista:
Alejandro Hernández
Manuel Martín Cuenca

Productor Ejecutivo:
Belén Agosti
Eduardo Campoy

Dirección de Producción:
Vivian Agüero
Lillian Hermida

Director de fotografía:
Alfonso Parra
Rafael de la Uz

Montaje:
Ángel Hernández Zoido

Banda Sonora Original:
Álex García

Datos técnicos

Formato de rodaje: Betacam digital.
Formato de proyección: Betacam digital.
Formato de pantalla: 16/9 – 1:1.85
Color / B&N: Color
Duración: 93’
Idioma: Español

+ Recorrido
El juego de Cuba
  • Notas del director

    En el año 98 yo estaba en Sierra Maestra trabajando con un grupo de documentalistas cubanos cuando me invitaron a un partido de pelota en el campo. Dije que no sabía nada de béisbol, que me iba a aburrir porque no iba a entenderlo. Pero me convencieron: “la pelota es lo más cubano que existe. En la pelota está la verdadera Cuba”. Al principio no acabé de creérmelo, pero fui.

    Mi sorpresa fue descubrir un fiel reflejo de la realidad del país, una metáfora que me hizo comprender muchas más cosas sobre Cuba que en todos los meses que me había pasado en la isla. Aquella tarde, además, supe un pequeño secreto: al Comandante le encanta jugar al béisbol y no soporta perder, por eso hace trampas. Un viejo que había jugado con Fidel en aquel terrero en los primeros tiempos de la revolución, me confesó que Fidel había hecho trampas para poder ganarles.

    Meses después, investigando, encontré que había decenas de testimonios que confirmaban lo mismo. Entonces pensé: ¿qué pasaría si tratáramos de rastrear la historia cubana, empezando por saber por qué demonios el deporte más norteamericano es también el deporte más cubano y contáramos las contradicciones, las grandezas y las miserias de Cuba? Durante las siguientes semanas estuve tan nervioso pensando que había encontrado una película, que me vino a la cabeza la peor pesadilla de un director: alguien la ha hecho antes que yo. Rastreé los archivos y la filmoteca de la escuela de cine de Cuba, y respiré aliviado: la película con la que yo estaba soñando no la había hecho nadie.

    Eso fue el origen de todo: un sueño, una intuición que me agarró las entrañas y que no me soltó.

    Manuel Martín Cuenca

  • Notas de los guionistas

    Hay un cuento de Borges que habla de un grup de cartógrafos que quieren hacer el mapa más perfecto del mundo, y están obsesionados con ello. Varios años después de corregir y corregir, se dan cuenta del error de base que han cometido: no existe el mapa más perfecto del mundo, porque éste sería del mismo tamaño del planeta, a escala 1/1… Yo creo que me sentí de la misma manera cuando acabamos el guión y tenía que comenzar a dirigir. Investigamos y entrevistamos a gente durante meses, y cada vez estábamos más seguros de lo que queríamos contar, pero todo estaba sobre el papel. En ese momento trataba de repetirme una cosa muy importante: lo que no está en la cámara, no existe. Si no conseguíamos atraparlo en el encuadre, en el sonido, toda la emoción que nosotros podíamos sentir nos podía engañar.

    La empatía es la pero enemiga de un equipo de documental. Crees que lo tienes, porque lo has sentido, pero puedes volver a casa con el saco vacío. Luchábamos contra eso y poníamos todo el corazón en cada minuto de rodaje. Muchas veces acabábamos agotados, porque yo creo que hacer un documental no consiste en ponerse allí y mirar. Hay que implicarse con la realidad, hay que sentir, escuchar con toda tu fuerza, como si el sonido estuviera muy, muy lejos y hubiera que poner todos los sentidos en alerta para tratar de escucharlo. Porque en realidad es así, el sonido está muy lejos para atraparlo con la cámara: está en el corazón de la gente. Y si no ponemos todos los sentidos no lo oímos nunca. Porque lo que importa es la emoción. En este documental lo tengo muy claro: sin el equipo de gente con el que trabajé hubiera sido imposible hacerlo. Pero además, compartimos una sensación. Día a día se iban apropiando de la película todos los que salían en ella, sus protagonistas. Tal y como está ahora, esta película creo que pertenece a los peloteros cubanos y a Cuba. Y nosotros hicimos el trabajo de ponérsela a ustedes ahí delante, en la pantalla, como el explorador que tra un tesoro de una tierra muy lejana. Apropiarse de ese tesoro sería injusto, todos sabemos a quién pertenece.

    Para nosotros, escribir un guión es algo así como conducir un avión hacia una pista de aterrizaje. La diferencia entre la ficción y el documental es que en la ficción la pista siempre está delante e iluminada. En el documental sabes hacia donde quieres ir, pero no ves la pista hasta que estás a veinte metros de ella. Hasta ese entonces tienes que confiar en que la ruta que tienes en la cabeza es la correcta. Creo que el documental, hable de lo que hable, muestre lo que muestre, tiene que partir de una premisa básica; es una historia para ser contada, y por tanto requiere la misma concepción dramática que una película de ficción, ello implica búsqueda de emoción, tensión, simpatía, odio, comprensión, pena. En definitiva, complicidad con un público que siempre agradecerá que le hablen de la guerra fría, el cambio climático o la vida de Maradona como si le contaran un cuento.

    Alejandro Hernández y Manuel Martín Cuenca

  • Notas del productor

    Producir documental es enfrentarse a un supuesto y que vaya tomando realidad. No existe un guión cerrado del que se desprende un plan de producción. Sintetizando, sobre el trabajo de esta producción puedo decir que ha habido dos cosas: rigor y mucha pasión.

    Hacer productos universales es un buen objetivo sobretodo desde un punto de vista de la comercialización, pero la mayoría de las veces resultan descafeinados. En el JUAGO DE CUBA la cafeína está en el planteamiento, donde el espectador es también protagonista y saca sus propias conclusiones, donde además de divertirse le das un papel y puede hacer suya la película.

    Es posible que de esto trate un poco la tolerancia.

    Belén Agosti (Productora Ejecutiva)